EDOMEX. Hay una paradoja que hoy define la política municipal en Texcoco y que debería inquietar tanto a los estrategas de Morena como a la oposición: la ciudadanía ya no quiere al gobierno morenista, pero tampoco encuentra una alternativa clara.
Los datos son contundentes. De acuerdo con Massive Caller, 65.5% de los texcocanos no votaría por la reelección de Nazario Gutiérrez Martínez. Su aprobación comenzó a erosionarse desde el primer mes de gobierno —de 62.5% en enero a 56.9% en febrero de 2025— y desde entonces no ha dejado de caer.
No se trata de cualquier municipio. Texcoco es el bastión fundacional de Morena en el Estado de México, el territorio donde el Grupo de Acción Política (GAP), hoy Mexiquenses de Corazón, construyó el proyecto que terminó gobernando la entidad. Y aun así, el hartazgo ciudadano es evidente. Los números no mienten: en Texcoco, el morenismo ya no entusiasma. La pregunta incómoda es si alguien está listo para capitalizar ese desgaste.
El desgaste tiene nombre y apellido
El descontento no es abstracto ni ideológico. Tiene causas visibles y cotidianas.
En los primeros cuatro meses de la actual administración, los casos de narcomenudeo aumentaron casi 200% respecto al mismo periodo del gobierno anterior. En solo cinco meses se acumularon 1,327 carpetas de investigación por delitos del fuero común, un incremento del 7% frente a 2024. Durante 2025, el municipio registró 33 homicidios.
A ello se suman los señalamientos financieros. La Auditoría Superior del Estado de México detectó irregularidades por más de 11 millones de pesos sin comprobar. Mientras tanto, 32.38% del presupuesto municipal se destina a sueldos y prestaciones, y la inversión pública apenas alcanza el 19.74%, en un municipio donde 56.4% de la población vive en condiciones de pobreza.
Las promesas también pesan. El gobierno de Nazario Gutiérrez anunció la rehabilitación de calles y la construcción de una unidad deportiva en la zona sur. Ninguno de los dos proyectos tiene fecha de arranque. Comunidades como San Miguel Coatlinchán y localidades de la zona de la montaña denuncian que la obra pública se concentra en el centro del municipio. El portal de transparencia presenta retrasos en la publicación de contratos. Y la presencia de la esposa del alcalde al frente del DIF municipal alimenta una narrativa sucesoria que ya no se intenta ocultar.
La grieta dentro del castillo
El desgaste del alcalde no es solo un problema de gestión: es reflejo de una fractura interna en Morena.
Durante tres décadas, Texcoco fue el laboratorio político de Higinio Martínez Miranda. Desde el GAP, fundado en 1993, se construyó la maquinaria que llevó a Delfina Gómez a la gubernatura y a Horacio Duarte a la Secretaría General de Gobierno. Los últimos 12 años de gobiernos municipales consecutivos en Texcoco llevan ese sello. Nazario Gutiérrez es, en esencia, un operador de esa corriente.
Sin embargo, desde septiembre de 2025, Higinio ha marcado distancia con la gobernadora y con la dirigencia de Morena. Sus mensajes en redes sociales —“reclamar sería perder el tiempo; mejor observar, callar y alejarse”— no son los de un líder alineado. Su ausencia en el mitin de Claudia Sheinbaum en el Zócalo fue un mensaje político claro. La fractura ya no es rumor: es un hecho que reconfigura el tablero.
Para Texcoco, esto significa que el gobierno municipal opera en una especie de orfandad política. Nazario responde a Higinio, pero Higinio se aleja de Morena. El gobierno estatal tiene la fuerza institucional, pero Texcoco no es su operación directa. A mediano plazo, esta tensión puede derivar en una lucha interna entre facciones morenistas que debilite aún más al partido en su propio origen.
La oposición: visible en encuestas, ausente en el territorio
Aquí aparece la frustración ciudadana. Las mediciones muestran que 29.2% de los texcocanos preferiría votar por otro candidato dentro de Morena, y 33.8% se declara indeciso. El PRI, con Carla Morell Islas, y Movimiento Ciudadano, con Jessica Aguilar, aparecen como alternativas. Pero aparecer en una encuesta no equivale a construir una opción real de gobierno.
La realidad es dura: Texcoco no tiene hoy una oposición con proyecto. No existe una propuesta integral que enfrente los problemas centrales del municipio: inseguridad, narcomenudeo, feminicidios, abandono de comunidades rurales, pobreza estructural, protección del patrimonio arqueológico y acceso al agua potable. Tampoco hay un liderazgo opositor que haya recorrido las más de 56 comunidades del municipio con trabajo territorial sostenido, ni un equipo técnico visible con capacidad de gobernar.
En 2024, Nazario ganó con 54.75% de los votos; la candidata opositora apenas alcanzó 24.58%. Treinta puntos de diferencia no se revierten solo con enojo ciudadano.
La ventana existe, pero no estará abierta para siempre
La oportunidad para derrotar a Morena en Texcoco en 2027 es real, pero tiene fecha de caducidad. Para convertirla en una alternativa viable se requieren, al menos, tres cosas que hoy no existen.
Primero, un proyecto de desarrollo municipal serio, con diagnósticos reales, presupuestos claros y metas medibles. Un plan que le hable con la misma seriedad a la mujer de Coatlinchán sin drenaje que al comerciante extorsionado.
Segundo, un liderazgo creíble, reconocido como propio por los texcocanos. No un paracaidista ni un reciclaje político, sino alguien con arraigo y estatura para competir contra la maquinaria de Mexiquenses de Corazón, debilitada pero aún funcional.
Tercero, una estrategia territorial que empiece ahora, no en 2027. El descontento se deprecia si no se organiza. Si la oposición espera al arranque formal del proceso electoral, llegará tarde. Morena ya tendrá candidata, estructura y marca, por deficiente que sea su gobierno.
El veredicto provisional
Texcoco está listo para un cambio. Los datos lo confirman, el ánimo social lo expresa y las fracturas internas de Morena lo facilitan. Pero un pueblo harto sin alternativa está condenado a repetir su frustración.
La paradoja de 2027 no será si los texcocanos quieren sacar a Morena —ya lo quieren—, sino si alguien tendrá la visión, el proyecto y la audacia para ofrecerles una razón real para hacerlo.
Porque hoy, con toda honestidad, Morena no ganaría Texcoco por mérito propio. Ganaría por default. Y no hay derrota más grave para una democracia que la victoria del que gobierna mal, simplemente porque nadie se atrevió a gobernar mejor.
Fuentes: Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Auditoría Superior del Estado de México, Presupuesto de Egresos 2025 de Texcoco, y encuestadoras Massive Caller y Demoscopia Digital.








